Era el momento plasmado, estático, como un cuadro al óleo, compuesto por diminutas partes, puntos individuales que conformaban parte de otra parte, lineas trazadas estratégicamente creando espacios del espacio, sustentado en si, para si, las partes al todo y el todo a las partes, era inmenso, y cada pequeño punto latía a un compás, espasmódico, y hasta podría parecer arrítmico, pausado o agitado, todos a una nota, todos a una clave, todos entrado justo en su tiempo, con movimientos sutiles, era una orquesta, era una sinfonía, un sexteto, eran todas las partes tocando un todo inmenso, y a cada paso ahí estaba el acorde, la nota, el sostenido, cada punto representaba parte de la obertura, del crescendo, del canon, del contrapunctus. Mirados desde el cuarto piso de la torre de humanidades pareciera que era un cuadro en movimiento; el parlamento, el suspiro, el parpadeo. Y todos latiendo a un compás que abarcaba todos los tiempos, la encrucijada del sonido, todo estructurado, todo haciendo un todo, todo perfecto.
Todos los momentos; el pasado, el presente y el futuro, siempre han existido y siempre existirán. Y aquí estamos, atrapados en el ámbar de este tiempo, no hay ningún porque. Todo el tiempo es todo el tiempo, nada cambia, ni necesita advertencia o explicación; simplemente es. Tome los momentos como lo que son,momentos, y pronto de dará cuenta de que todos somos insectos prisioneros en ámbar.