octubre 21, 2009

piano lessons

El hombre sentado a su lado mira los errores como si fueran sangre,

Para él, son tan notorios que es como ver una herida expuesta.

Ella sangra cada que toca, piensa él.

Ella, deja a sus dedos correr por las teclas color mármol.


El hombre sentado a su lado se ha arrancado la piel de las manos.

Y ante el asombro se le ha quedado una mirada maniaca;

Ríe todo el tiempo, sonríe y tiene la boca seca,

Sus ropas huelen a alcohol.


Él percibe el aroma pero ignora que provenga de si.

Ha encontrado un rinconcito en la desolación

Y se lo ha hecho su sitio,

Ahora disfruta de las comodidades del abandono.


Él sigue hablando, mirando como toca.

Le dice que todas aquellas gotas de sangre son culpa suya,

Son heridas que ella debiera sanar escuchándose.

Mirarse en el espejo y componer.


Dice que errores como esos necesitan trabajarse a solas

Y que sólo así se pueden corregir.

La mira, niega con la cabeza,

Ella sonríe, él suspira.


Ella se pregunta donde quedó el hombre,

Que aquel día le enseñaba como tocar

Y separó sus manos del piano

Para acariciarla a ella.

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