No no no
No quiero salir
No quiero cenar
(y he de decir que mi digitación a estado pésima
Debe ser por haber dejado las lecciones
(o por los tecleos nerviosos))
Esos no se ques me ponen tan mal
Stress
Eso es
No no no
No quiero salir
No quiero cenar
(y he de decir que mi digitación a estado pésima
Debe ser por haber dejado las lecciones
(o por los tecleos nerviosos))
Esos no se ques me ponen tan mal
Stress
Eso es
El hombre sentado a su lado mira los errores como si fueran sangre,
Para él, son tan notorios que es como ver una herida expuesta.
Ella sangra cada que toca, piensa él.
Ella, deja a sus dedos correr por las teclas color mármol.
El hombre sentado a su lado se ha arrancado la piel de las manos.
Y ante el asombro se le ha quedado una mirada maniaca;
Ríe todo el tiempo, sonríe y tiene la boca seca,
Sus ropas huelen a alcohol.
Él percibe el aroma pero ignora que provenga de si.
Ha encontrado un rinconcito en la desolación
Y se lo ha hecho su sitio,
Ahora disfruta de las comodidades del abandono.
Él sigue hablando, mirando como toca.
Le dice que todas aquellas gotas de sangre son culpa suya,
Son heridas que ella debiera sanar escuchándose.
Mirarse en el espejo y componer.
Dice que errores como esos necesitan trabajarse a solas
Y que sólo así se pueden corregir.
La mira, niega con la cabeza,
Ella sonríe, él suspira.
Ella se pregunta donde quedó el hombre,
Que aquel día le enseñaba como tocar
Y separó sus manos del piano
Para acariciarla a ella.
Era el momento plasmado, estático, como un cuadro al óleo, compuesto por diminutas partes, puntos individuales que conformaban parte de otra parte, lineas trazadas estratégicamente creando espacios del espacio, sustentado en si, para si, las partes al todo y el todo a las partes, era inmenso, y cada pequeño punto latía a un compás, espasmódico, y hasta podría parecer arrítmico, pausado o agitado, todos a una nota, todos a una clave, todos entrado justo en su tiempo, con movimientos sutiles, era una orquesta, era una sinfonía, un sexteto, eran todas las partes tocando un todo inmenso, y a cada paso ahí estaba el acorde, la nota, el sostenido, cada punto representaba parte de la obertura, del crescendo, del canon, del contrapunctus. Mirados desde el cuarto piso de la torre de humanidades pareciera que era un cuadro en movimiento; el parlamento, el suspiro, el parpadeo. Y todos latiendo a un compás que abarcaba todos los tiempos, la encrucijada del sonido, todo estructurado, todo haciendo un todo, todo perfecto.
Todos los momentos; el pasado, el presente y el futuro, siempre han existido y siempre existirán. Y aquí estamos, atrapados en el ámbar de este tiempo, no hay ningún porque. Todo el tiempo es todo el tiempo, nada cambia, ni necesita advertencia o explicación; simplemente es. Tome los momentos como lo que son,momentos, y pronto de dará cuenta de que todos somos insectos prisioneros en ámbar.
Hela ahí.
No podría asegurar si era un hela ahí de nuevo,
O mas bien, un simple, hela ahí.
Pero, quien de todas ellas era la que estaba ahí?
Incongruente preguntarlo ahora e imposible saberlo.
Habría sido un día de mayo, 22, seré exacta y sincera (en el mayor grado que pueda)
Eran las 15 horas.
Un simple momento atrapado en el siglo XXI.
Un momento decisivo para ella, cualquiera que halla sido ella.
Uno de esos momentos épicos, desde el amanecer hasta el anochecer, a las 12, como cenicienta, para seguir con la sinceridad.
Pasó por un despertar abrumante, una exposición mal interpretada, una platica breve, una clase inexistente, una comida sencilla, un temblor inofensivo... hasta que llegamos al momento, el cual no pienso describir; luego una llamada frustraste, un reven masivo, una cerveza fría, unos cigarros compartidos, un panic intenso, un abrazo simple, un regreso retractor, una noche agobiante y nos encontramos con el amanecer trágico.
Y posiblemente esa depresión pos-stress.
En fin, había sido, y ya era, y ya veremos que hacemos, o que hace, que hago yo?